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Alouyse H. Carrow

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Alouyse H. Carrow

Mensaje por Alouyse H. Carrow el Vie Nov 05, 2010 7:33 pm



Datos Personales ~

Nombre Completo:
Alouyse Hestia Carrow Selwyn

Edad:
16 años.

Apodos:
Ni te atrevas.

Procedencia:
Köln, Alemania.

Estatus de sangre:
Sangre Pura.

Casa:
Slytherin

Estado civil:
Libre.

Preferencia sexual:
Heterosexual.

Gustos y Disgustos ~

Gustos:
Es una mujer de gustos exigentes. El único que puede ser nombrado realmente como un gusto son las Artes Oscuras.

Odios:
Ignorancia humana. Es bastante.

Fobias:
¿Ignorancia humana?

Manías:
Siempre huele a coco.
Se muerde el labio inconscientemente.
Sus hombros siempre están relajados hacia atrás.

Datos Familiares ~

Historia:

Una pareja poco común forma una historia bastante interesante, y por ende, las personas que conforman la continuación de la historia son aún más intrigantes y cautivadoras.

Amycus Carrow: Arrogante, indiferente, frío y calculador. La única que logró abrir las puertas a como en realidad puede ser él, siempre fue y solo pude ser su hermana, Alecto. Jamás mostró respeto hacia nadie que no fuera ella.
Un hombre que siempre supo cómo actuar frente al más grande de sus secretos; un amor tan prohibido, una pasión tan escondida, pero con la misma necesidad de salir junto con una explosión de sentimiento tal como la lava de un volcán al hacer erupción.

Un amor entre hermanos que tenía que permanecer oculto, y la única prueba de su existencia no pudo ser algo más que un embarazo. Un embarazo muy bien actuado para ocultar la existencia del ser que crecía lentamente en el vientre de la melliza Carrow.

Sibren Carrow: Pequeño tesoro, protegido, escondido y educado por nada más que la mismísima Alecto Carrow. Nunca le agradaron los niños ya que ella nunca logró actuar como una, pero por el simple hecho de que la criatura era parte del gran amor de su vida, el cuidado y trato que le daba al pequeño era singular.
Educado para ser un caballero, y siendo huérfano desde muy temprana edad, alcanza una madurez bastante elevada y una visión hacia la vida bastante especial que llega a despertar bastante interés entre las mujeres de Hogwarts. Entre ellas, Angelik Selwyn.

Pasó el tiempo y lograron graduase juntos de Hogwarts. Dos años después, la familia Carrow Selwyn floreció.

Alouyse Carrow: Nació una fría noche de Diciembre, con el aire azotando en las ventanas como si estuviera informando la llegada de algo más grande que la primera y única hija de aquel matrimonio. Irónico pensar que sus nombre sea el resultado de una extraña combinación de ambos nombres de sus abuelos: Alecto y Amycus, y aún más irónico pensar que aquella niña de cabello castaño y ojos grises era yo.

Los años pasaron y el sol no dejó de salir. Desde pequeña destaqué por ser algo diferente a los demás; no se trataba solo por mi magia, si no por mi forma de pensar. Apenas hablaba con los demás niños, prefería sentarme a escuchar a los adultos, tratando de entender desde esa tierna edad las reglas en las que se jugaba ese mundo, los desperdicios que se vivían con aquella combinación de sangre e ideas vacías que no daban para mucho más que hacer del mundo un caos peor al que había resultado después de aquella guerra. Aprendí a utilizar distintos encantamientos mucho antes que los otros chicos de mi edad, aunque nunca los puse en práctica como ellos dado que no me gustaba practicar lo que me pedían y, por otro lado, cuando me dejaban dar rienda suelta a mi uso de encantamientos, sencillamente me quedaba en blanco. De más mayor comprendí que lo que tenía era vergüenza. Vergüenza de darle un nuevo uso a esos encantamientos que tenían siglos siendo utilizados con la misma función, algún uso que pasaba por mi cabeza y que los demás no parecían llegar a comprender o a percibir como común.

Yo veía el nuevo mundo a mi manera, pero a mí padre no le gustaba mi iniciativa. Lloraba, gritaba, suplicaba y él me perdonaba, a cambio de dejar de practicar aquellos encantamientos de mi nueva forma y dejar de leer sobre artes oscuras. Las mismas noches, me sentaba en el patio y me desahogaba en él, maldiciendo a mi padre, mandando hechizos y encantamientos a los animales que pasaban y a las plantas que me rodeaban. Escribiendo un ensayo distinto sobre un conjunto de pergaminos arrugados donde proponía un cambio a la nueva sociedad que se había formado después de aquella guerra. Y así pasaron los años, llenando hojas y hojas que nadie leyó ni leerá en jamás de los jamases. ¿Qué culpa tenía yo de haber nacido diferente? Con sólo seis años leía toda la colección de libros sobre las Artes Oscuras. Memorizaba cada uno de los hechizos avanzados de los apuntes de mis abuelos y mis padres. Imitaba a los más grandes magos de décadas anteriores.

Fue entonces cuando empecé a ver las cosas claras. Mi madre era una santa, mi padre un capullo, el mundo un asco, y los jóvenes unos ignorantes. Entonces, todo se jodió una vez más. Recuerdo el olor a quemado de los neumáticos tras el derrape en la curva de la quinta avenida, malditos artefactos muggles que nunca funcionaron, vaya razón que tenía mi padre. Me golpeé contra el respaldo del piloto. El airbag había saltado pero mi madre parecía dormir plácidamente contra el mismo. La llamé, pero no respondió. Ni ese día ni ningún otro. Fue desde entonces que no pude soportar ni un solo segundo más a esa clase que parecía sentirse superior a nosotros cuando nunca lo fue, era una pérdida de tiempo sus inventos, una plaga que tenía que ser terminada para lograr salvar más vidas.

Dos años más tarde las cosas habían cambiado por completo. De no haber nacido siendo adulta, el accidente me habría obligado a madurar de golpe. Mi padre se limitó a rehacer su vida con una mujer cuyo nombre no me he molestado en recordar. Yo deje de hablar, escondiéndome en las letras y la casa quedó muda. Escribía y practicaba nuevos hechizos. Era el inicio de una nueva era. Con mi madre no sólo había enterrado el montón de hojas que ella me regalaba y en las que maldecía mil veces mi infancia, sino que enterré los miedos a no ser comprendido. Quise publicar el primer de una larga colección de libros cargados de ironía, reflejos burlescos de la sociedad actual y decadencia. Mucha decadencia.

Estudié en Durmstrang los primeros años de mi educación, recibiendo mi carta a la perfecta edad de los once años. En el momento fui una de las mejores estudiantes al tener esa gran obsesión de llegar a mi máximo potencial para aprovechar lo que tenía, lo que me había dado la vida y solo pocos sabían utilizar. Y entonces, me corrieron.

¿Por qué? Por qué la estúpida que se hace llamar “novia” de Barend lo estaba engañando. Eso fue lo que colmo el vaso, es la persona más hueca que he conocido en mi vida. No pude contener por más tiempo el deseo de verla retorcerse por tanto dolor que causo en mi primo, y todo el desperdicio de espacio que hacía en la sociedad. No la mate solo porque sabía que eso le dolería más a Barend y nunca me lo perdonaría, pero nunca había sentido tanta adrenalina, tanto placer, tanta satisfacción, al hacer un crucio y ver como ella pagaba todo el dolor que había hecho sufrir a alguien de mi sangre, alguien que vale la pena. No era la primera vez que lo hacía, lo había hecho antes con algunos animales. Ahora que lo pienso, fue exactamente lo mismo.

No deje mis estudios, no me podía dejar caer tan bajo y fue entonces cuando llegué a Hogwarts. Rápidamente fui colocada en Slytherin, al igual que mis padres, mis abuelos y posiblemente toda la familia Carrow.

Quiero limpiar el nombre de mi familia, terminar con la gran peste de “humanos” que rondan por este mundo y sé que lo voy a lograr. Sé que voy a marcar una diferencia.

Padre: Sibren Carrow.
Capullo donde los haya. El padre de Alouyse es un hombre bastante entrado en los asuntos del ministerio. Antiguamente fue miembro influente de la autoridad alemana. Casado con Angelik Selwyn y viudo varios años después. Nunca se llevó con su hija, Alouyse por sus diferentes formas tan especiales de ver la vida. Dos meses después de la muerte de la madre de la chica ya salía con otra mujer mucho más joven que ni siquiera lo quiere, espera que saliendo con Sibren ascienda su rango y prestigio social.

Madre: Angelik Selwyn.
Fallecida hace poco más de dos años. Era la mujer más dulce y cariñosa sobre la faz de la tierra. Fue escritora en su adolescencia e inicio de adultez. Se casó demasiado joven con su primer y último esposo, que le llenó la cabeza de ideas como que dejara de escribir para hacer algo más de provecho. Murió en un accidente de coche. Alouyse iba en el coche.

Primo: Barend Selwyn.
Compañero de juegos y de aventuras cuando era niña; mejor amigo y confidente cuando comenzaron a crecer; amor platónico al llegar a la adolescencia… y de aquí, no hay cambio, aunque ella no lo quiera aceptar. Comparten sangre, un poco, pero lo hacen y ella no puede aceptar el estar enamorada de alguien como él. Solo un encaprichamiento que pronto pasará, y se intenta clavar la idea en la cabeza. Es un poco sobreprotectora con él ya que piensa que es de las pocas personas que valen en este asqueroso planeta.

Datos Extras ~

Descripción Psicológica:

Alouyse… ¿Cómo describirla? Una persona harta de lo que ha tenido que vivir día por día, año por año. Una persona tan harta del ser humano, de las estupideces que hacen cada segundo de su jodida vida que, si antes fuera a llegar a hacerlo, ahora no se toma ni dos segundos en cuestionarse si la persona que pasa frente a ella y la molesta vale lo suficiente para dejarlo irse en paz o tomarlo como víctima de una de sus descargas de lo cansada que se encuentra, un favor para ella misma ya que contener algo por mucho tiempo nunca es bueno, y quitar un miembro más de la plaga del mundo, un favor a la “sociedad”.

Tachada de loca, maniática y egoísta. ¿Pero que se espera de una persona que ha visto como el mundo se va arruinando poco a poco? El mundo; su mundo. Tal vez viva una estúpida pantomima llamada “vida”, pero ese término, eres jodido término merece su respeto, como el mundo lo merece, como ella lo merece por el simple hecho de existir.

Libre. La única dependencia que tiene es en ella misma. Una persona autosuficiente y altamente compleja para no volverse loca o esquizofrénica en un mundo tan caótico como el que vive y sobrevivir a pesar de la soledad con la que posiblemente carga. Y es que ella gusta de la soledad. Le da exactamente lo mismo si tiene un conocido o un desconocido. Nadie vale lo suficiente para merecer conocerla como verdaderamente es, como realmente piensa, para obtener su total amistad, y nadie, en los últimos dieciséis años lo ha valido. No se anda con complicaciones y tiene claro que cuantas menos amistades, más fuerte es el lazo entre ellas.

Aún asi, a pesar de ser dura y fría como tempano de hielo, es muy probable que al encontrarla dedicará una silenciosa sonrisa, mientras se lamenta de lo hueca que puede llegar a ser esa persona y el gran desperdicio que se lleva al tener a alguien que no sabe valorar los pequeños detalles, lo que se tiene en ese momento: todo, y a la vez nada.
Lo que ella da por depender del oxigeno, sentir la sangre correr por sus venas, tener un gran dolor de cabeza o soportar todas las estupideces que un sentimiento puedo hacerla sufrir, y lo que daría por ser alguien tan normal y común como el muggle que camina a su lado en la calle, el poder sentir ira hacia alguien sin terminar causando un gran accidente. Aún asi, aprecia y admira más que nada quien es en el momento; alguien fuera del prototipo de “muggle”, “común”, “humano”, y a la vez, tan humana que intenta limpiar la porquería de vida que se lleva a cabo en el momento.

Nunca ha amado a alguien más que a ella misma. Está convencida que cuando conozca a alguien quien no sea necesario olvidar o siquiera pensar en hacerlo, ese día sabrá que la persona que tiene enfrente es el hombre hecho para ella. El susodicho nunca ha aparecido, lo que la hace pensar que no hay nadie lo suficientemente bueno para ella. No se lamenta no tener el amor de alguien, prefiere no tener nada, a gastar amor en una porquería.

Una mujer que desde pequeña a intentado buscar la forma de cambiar al mundo, de hacerlos vivir como se tiene que vivir, como uno merece vivir. Bastante decepcionada al conocer la cantidad de personas pensantes que existen, no pensativas. A lo largo de su vida ha aprendido a no esperar nunca nada algo sobre los demás, y así, nunca siente una decepción.

¿Vive dentro de su burbuja personal?
Pensamiento incorrecto.
Alouyse es una de las pocas personas que ha logrado reventar esa burbuja y salir a conocer el verdadero mundo. Los demás siguen igual de inútilmente ciegos u no tienen la capacidad de dejar esa burbuja.

Descripción Física:
Su estatura, promedio, no es ningún impedimento para sobresalir físicamente pues su silueta no parece tener defectos gracias a su esbelta figura, adornada con una pequeña cintura. Lo primero que puedes notar son sus piernas, largas y estilizadas y sus brazos, poseedores de movimientos perfectos y delicados. Y sus facciones… son las de una muñeca, con una nariz pequeña y respingada siempre confiriéndole ese aire altanero de quien se sabe bella. Su piel, pálida y perfecta como la misma porcelana combina armoniosamente con sus expresivos ojos grises y su perfecto cabello castaño, largo y sedoso, que cae en cascada sobre sus delicados hombros. Su sonrisa oscila entre arrogante e infantil.

Hobbies:
Son cosas tan complicadas para que alguien las tome como hobbie que mejor, evitamos los problemas y lo dejamos en blanco. Ya algún día, si me parece que vales la pena, las sabrás.

Nivel Económico:
Alto.
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Última edición por Alouyse H. Carrow el Vie Nov 05, 2010 9:15 pm, editado 2 veces

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Re: Alouyse H. Carrow

Mensaje por Caleb White el Vie Nov 05, 2010 8:08 pm

Un pequeño arreglo, separa la relacion de tus hermanas de tu historia, y agrega esas relaciones entre vos y tus hermanas en la parte de la ficha que tendria que ir, seria Herman@s {Nombre y Relación con Este/Estos}:.


Caleb Stan White


Muchas gracias por el regalo:

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Re: Alouyse H. Carrow

Mensaje por Alouyse H. Carrow el Vie Nov 05, 2010 9:16 pm

Arreglado.

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Re: Alouyse H. Carrow

Mensaje por Sophie L. Malfoy el Vie Nov 05, 2010 11:51 pm

¡Bienvenida! ficha aceptada



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Re: Alouyse H. Carrow

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